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Los Tranvías en Barrio O’Higgins: Nº 11 Santa Elena y Nº 13 Las Zorras

22 mayo 2011

Un viejo y oxidado poste metálico se sitúa a escasos metros de la Plaza “Gregorio Airola” en avenida Santa Elena, o también conocida como la antigua “Vuelta del Carro”, en alusión al lugar en que el tranvía comenzaba su recorrido de bajada hasta la Avenida Argentina. Para el cotidiano vecino es muy posible que pase inadvertido, tal como para la empresa eléctrica que aún lo utiliza para dotar de energía a un sitio. Sin embargo, si se repara en su estructura y forma escapa a aquellos postes tradicionales que pueblan la ciudad.

De acuerdo a la información existente, podemos decir con cierta seguridad que este poste corresponde a la desaparecida Línea Nº 11 Tranvías de Santa Elena, inaugurado el 23 de abril de 1921. Tanto Santa Elena y Las Zorras, fueron dos de los seis sectores privilegiados que contaron con una moderna flota de tranvías, pertenecientes a un eficaz sistema de transporte eléctrico para la ciudad . Valparaíso fue el tercer ferrocarril urbano que operó en América del Sur, luego de Santiago y Río de Janeiro, y el primer sistema en el país con concesión oficial para operar.

En el lado derecho de la fotografía, aparece el viejo poste con 90 años de existencia, que perteneció a la Línea de Tranvías Nº 11 Santa Elena.

El 4 de marzo de 1863 se inaugura el primer tranvía a tracción animal de Valparaíso. Según datos de la época, se estima que transportó 1.752.000 de pasajeros durante los primeros diez meses de su funcionamiento. Para el año 1880, el sistema contaba nada menos que con una flota de 63 carros. Años después el servicio se extendería hacia la vecina y naciente Viña del Mar.

Una vez llegada la electrificación a Valparaíso, con la instalación de la planta eléctrica en Laguna Verde, se implementa el nuevo servicio de tranvías eléctricos por parte de la Allgemeine Elektricitats Gesellschaft, conocida como la AEG. Luego de diversas inversiones y traspasos de empresas, el servicio se extendía hasta Playa Ancha y Barón, Pese al gran terremoto de 1906, el funcionamiento del sistema fue afectado gravemente.

Luego, varios sectores comenzaron a demandar ser cubiertos por el servicio. En enero de 1910 dirigentes y vecinos de los sectores de Las Zorras y Santa Elena, se plegaron a las demandas comenzando las conversaciones con las autoridades municipales y los empresarios de la Empresa de Tracción Eléctrica. En forma posterior en mayo del mismo año la comunidad de Las Zorras deposita un aporte monetario para contribuir al inicio de las obras. Sin embargo, todas las gestiones y trámites se estancarán debido que tanto el municipio como la empresa se confrontarán por años en una demanda judicial que retardará la construcción final de ambos recorridos y otros más considerados en el convenio inicial. Deberían pasar 11 años para que finalmente se concretara la obra.

Para 1920 el servicio había decaído significativamente, tanto que los usuarios y ciudadanos manifestaron su descontento en un día de furia que arrojó decenas de carros incendiados incluyendo ataques contra el edificio de la empresa (actual Club Alemán en Calle Salvador Donoso).

A partir de la compra de la compañía por capitales ingleses y españoles, el diálogo nuevamente se reestableció permitiendo un nuevo contrato que permitiera comenzar las obras para los recorridos pendientes. Sin embargo, no todos los sectores contarían con esta promesa. Los Placeres y cerros del sur de la ciudad nunca fueron completadas. Solo Las Zorras y Santa Elena lograron finalmente el servicio.

Sin duda, la inauguración de ambos recorridos causó gran impacto en ambas nacientes comunidades. El servicio para Santa Elena fue inaugurado el 15 de abril de 1921, en tanto que Las Zorras comenzaron los trabajos el 10 de octubre para ser inaugurado el 3 de diciembre de 1921. Ambas noticias fueron registradas por los medios impresos de la época, en particular por el Diario La Unión. Fueron cubiertos extensamente dando cuenta de todas las actividades que cubrían su inauguración., partiendo con la subida del primer carro por Avenida Washington (llamado antiguamente Pasaje Santiago) como del almuerzo en la Quinta Las Violetas y competencias deportivas que tuvieron lugar ese significativo día.

Alicia Gallardo, profesora retirada y vecina que ha vivido gran parte de su vida en la Calle Federico Costa, recuerda que “ el tranvía era el medio de transporte que teníamos para el sector. Llegaba solamente hasta la plaza, no subía más. Esa era la vuelta del carro que le llamábamos nosotros.
A mi me pusieron a los cinco años al colegio Barros Luco, con mi hermana y nos movilizábamos en el tranvía. Lo tomábamos porque daba la vuelta en el Barrón. Era el recorrido bastante corto. Nosotros esperábamos en la Av. Argentina con Pedro Monntt, el tranvía que nos devolvía a la casa. Esto debe haber sido el año ’38 ó ’39, por ahí…”

Alicia Gallardo, profesora retirada, recuerda con nostalgía el traslado diario en los tranvías de Santa Elena.

Un tranvía Nº 11 Santa Elena sube a la altura de los terrenos en que años más tarde se construirá la Fábrica Costa.

Sin embargo, a la Línea 11 Santa Elena, le llegó finalmente su hora y no continuo prestando sus servicios normales. Al respecto, no existen datos específicos sobre el término del recorrido. Tampoco la señora Alicia recuerda con exactitud qué hecho en particular determinó la decisión de detener el servicio. “En ese tiempo no había otro medio de locomoción, ni colectivo, ni taxi, Había que atenerse al carro nada más…No recuerdo bien en que momento dejó de funcionar el carro, pero se me ocurre a mí que debe haber sido cuando se rompió la cantera. Bajó todo un río y barro a través de Santa Elena, o bien cuando se cayó el ascensor.”

Luego del servicio de tranvías, hubo varias líneas y empresas que implementaron recorridos hasta los pies de Cuesta Colorada o Calle El Bosque. En los 60, 70 y 80 Buses Verde Mar se hizo cargo a través de las Líneas “A” y “R” y “S”. Para las décadas siguientes serán empresas familiares que sostendrán el transporte de los sectores Santa Elena, Federico Costa y Ramaditas. Actualmente el Transvalparaíso a través de contratación de externos ofrece un precario e irregular servicio en el sector.

Av. Santa Elena con Federico Costa, "Vuelta del Carro" . Nótese, por la calle, subiendo un tranvía. Se observan además los postes eléctricos en el lado izquierdo de la fotografía.

Aún así, y por lo que cuenta Alicia Rivera, el desaparecido Tranvía de la Línea 11 Santa Elena, tuvo un valioso y digno desempeño hasta sus últimos días. Si tienes la posibilidad de pasar por Santa Elena, a la altura de la “Vuelta del Carro”, fíjate en el humilde poste que ha resistido por 90 años el paso del tiempo, vestigio de un sistema de transporte público que poco tiene que envidiar al actual recorrido.

Juan Carlos Arriola Herrera
Memoria Barrio O’Higgins

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Alfredo Hudson y las Comunidades Cristianas en Ramaditas y Rocuant 1969 – 1973.

15 marzo 2011
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Comunidad de Ramaditas recuerda y agradece a su Ex-Pastor Alfredo Hudson con Misa de Acción de Gracias.

6 marzo 2011

Desde Puerto Montt, Chiloé, Santiago y Canadá, y diversas ciudades llegaron a la Parroquia Andacollo de Ramaditas, decenas de ex-participantes de las ex-Comunidades Cristianas Universitarias, de los cerros Ramaditas y Rocuant de Valparaíso en los años 1969 – 1973. La Misa de Acción de Gracias celebrada en memoria de Alfredo Hudson, fue realizada en el templo de la iglesia el Sábado 5 de marzo a las 11:00 hrs. Se destaca también la participación del Grupo Musical Incacamachi, el cual estuvo cargo del repertorio musical cristiano.

Como sabrán, Alfredo Hudson falleció el 3 de febrero, a los 79 años de edad, contando con 52 de ordenación. Hacía nueve años atrás que su salud se deterioró debido a un severo infarto cerebral. Muchos amigos y colaboradores de su trabajo pastoral no pudieron participar de su despedida. Por ello, y como el lo quería, sus amigos del Cerro Ramaditas organizaron esta emotiva misa en forma especial para aquellos que fueron parte de las comunidades cristianas que se desarrollaron en los años ’70.

Fue así que con la asistencia de más de un centenar de personas, se vivieron pasajes emocionantes y muy significativos. La mayoría de los ex-integrantes de las comunidades, estudiantes universitarios de la UTFSM y UCV, entre otros, testimoniaron sobre sus experiencia poblacional cristiana en los años ’60 y ’70. Quizás el momento más emotivo fue la lectura del testimonio que dejó escrito Alfredo al relatar su detención y posterior tortura en recintos de la Armada de Chile, específicamente en el cuartel “Silva Palma”.

Finalmente, se compartió un almuerzo en el conocido “Salón Juvenil” de la parroquia, en el cual se proyectó una recopilación fotográfica que da cuenta de las vivencias y actividades de los exintegrantes de las comunidades tanto en Rocuant y Ramaditas. También, en un ambiente de alegría, se disfrutó de canto y variados testimonios.

Sin duda, para muchos/as de los asistentes a este reencuentro, permitió resignificar su vida y acción cristiana en el mundo poblacional de los convulsionados setenta. Es necesario mencionar que con el Golpe Militar del año ’73, ambas comunidades son perseguidas junto con sus miembros. Hasta las casas de Rocuant llegaron en varias oportunidades efectivos militares para allanar y detener. En varios casos, la tortura y exilio fueron las consecuencias por tratar de vivir comprometidamente el evangelio cristiano. Alfredo fue obligado a permanecer tres años fuera de la Diócesis de Valparaíso como forma de castigo por su trabajo pastoral. Se suma a ello una campaña de desprestigio permanente por sus pares en particular en su propia parroquia.

Reproduzco algunos fragmentos de una carta escrita en noviembre de 1973, en Chiloé, dirigida a Selim, uno de los estudiantes que trabajó con él, y que permite dimensionar el impacto para Alfredo que tuvo la separación de su trabajo pastoral con los jóvenes. Pese a la tristeza por la situación, se aprecia, serenidad
en el.

“Me gustaria conversar contigo (Selim). Siento serenidad dentro de mí que a veces me sorpende. Estoy enfrentando algo tan distinto, hasta la fe que aquí se vive es distinta.

A veces vuelvo al pasado. Hay muchas derrotas, pero creo que hay también amor, conservo lo que me ha dado el amor.

Cuando pienso en la amistad, me imagino una sonrisa tuya, un saludo tuyo, o de cualquiera de los amigos, del flaco Evensen, de los amigos del Lote 121 de Las Torres de Rocuant Alto y tal vez eso mismo me da una sensación de alegría que hacer las cosas distintas. Luego me los imagino enojados y entonces sonrío. Cuan infantil fuimos a veces, pero hasta eso da hoy día nuevas energías…

Todo mi ser entero pareciera que a veces recorre todo rincón nuevamente, la casa del flaco, la población, los Tolosa etc, etc…recorro los lugares donde estuve detenido y rezo por los que quedaron y rezo por aquellos que tienen que guardar la disciplina.

He vuelto mucho a Isaías y a los Salmos, tal vez quieras acompañarme algunas veces en su lectura. Así estaremos más unidos y rezaremos a Dios por nosotros y por todos… A veces sufro, pero creo que sufro en la paz, sin protesta, sin anhelo de evasión, sin encerrarme. La Eucarisía es un Signo que me salva a través del fuego”.


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Reconstrucción del día 14 de Septiembre de 1973 a partir de la Memoria Oral.

10 septiembre 2010

El 14 de Septiembre de 1973, posterior al Golpe Militar en la ciudad de Valparaíso, se produjeron intensas balaceras entre las Fuerzas Armadas y militantes de izquierda. Hasta el año pasado nunca fue motivo de una investigación seria en ningún ambito, ni judicial ni testimonial. Dos jóvenes estudiandes de periodismo de la Universidad de Playa Ancha abordoran el tema y recopilaron interesante información y testimonios sobre este oscuro pasaje sobre lo que sucedió aquel fatídico día en que incluso costó la vida a inocentes porteños en cerros y calles de Valparaíso.

Autores
José Miguel Burgos Bravo
Periodista, estudiante Magíster en Ciencia Política
mención Seguridad y Defensa
Maryan Henríquez Ayala
Periodista

3. Reconstrucción de las memorias orales sobre el 14 de septiembre de 1973 en Valparaíso.

La madrugada del 11 de septiembre de 1973, el profundo silencio de la noche fue interrumpido por el ruido de las botas que corrían sigilosas por las calles principales de Valparaíso. En el mar, buques de guerra de la Armada, que regresaban anticipadamente de una supuesta operación UNITAS, daban señales a un puerto dormido que aquel día no sería uno más del calendario.
La rutina de los porteños fue alterada abruptamente por un Golpe de Estado cuya gestación tuvo sus orígenes en Valparaíso, y que a las cinco de la mañana de ese día llegaba como un trascendido no oficial a la casa del Presidente Salvador Allende en Santiago en boca del general Urrutia, subdirector de Carabineros. El oficial “afirmó al Presidente que tropas de la Armada estaban movilizándose por las calles de Valparaíso. No había razón aparente que lo justificara”.
Con el pasar de las horas de aquel martes 11, la confusión campeaba entre los porteños que, acorralados entre los cerros, miraban de brazos cruzados como las tropas militares dominaban el puerto sin poder hacer nada para impedirlo. Otros observaban expectantes el despliegue de las ramas militares a la espera de retomar la tranquilidad y el orden que tanto anhelaban.

“El día 11 en la mañana, mi padre (…) salió de la casa y alcanzó a bajar la calle Malfati (en el cerro Los Placeres), pero al llegar a la avenida Placeres, que es la calle donde está la Universidad Santa María, se encontró con unos marinos que no lo dejaron seguir caminando, (…) pero le dijeron que no se podía pasar, que tenía que devolverse a la casa. Hasta ese momento no sabíamos nada de lo que estaba pasando realmente” .

En los días posteriores al Golpe los porteños siguieron el proceso con relativa tranquilidad, adecuándose a las reglas impuestas por el régimen, a pesar de estar sometidos a un clima de temor e incertidumbre. Los días 12, 13 y 14 estuvieron marcados por el toque de queda y la permanente presencia de efectivos militares en las calles, sembrando un clima de guerra que les permitía tener un control absoluto sobre la población.
Sin embargo, la prensa local daba cuenta de que, posterior al Golpe, se había mantenido un estado de relativa tranquilidad y que la situación en el puerto estaba bajo absoluto control, a pesar de que se realizaron allanamientos y detenciones desde los primeros días.

“Valparaíso. Un panorama de absoluta tranquilidad y normalidad reina en esta provincia después que las Fuerzas Armadas y Carabineros tomaron la dirección política, económica y administrativa, bajo el mando del contraalmirante Adolfo Walbaum Wieber, Intendente de Valparaíso y comandante en jefe de la Primera Zona Naval”

Las particulares características que tuvo el Golpe en Valparaíso provocaron una especie de indefinición en la mente de los porteños, los que aún no lograban asimilar el hecho, ni dimensionar las tremendas consecuencias que éste tendría en el desarrollo de los acontecimientos posteriores.

Los temores, ingenuidades e impotencias de la militancia post Golpe de Estado
Ante el Golpe, los partidos de izquierda se vieron en una encrucijada que se resolvió de forma más o menos previsible. Se apostó a un resguardo de los militantes para intentar más adelante una reagrupación y desde allí tejer una estrategia que les permitiera hacer frente a la embestida de los militares, pero cualquier tentativa, como se vió después, estaría destinada al fracaso.
La necesidad de comunicarse, a pesar de las cortapisas y controles interpuestos por los militares, y la ausencia de un sistema que les permitiera interconectarse en caso de que ocurriera una eventualidad, como la que estaba sucediendo, hicieron que muchos de los hombres y mujeres que quisieron rearticularse recorrieran largas distancias a través de los cerros para lograr un punto de contacto y coordinar alguna actividad que posibilitara la gestación de un movimiento de resistencia.
Así, la comunicación de boca en boca, a través de mensajeros, sirvió de enlace entre quienes se encontraban a resguardo en casas de seguridad y los que desde afuera enviaban las informaciones necesarias para los que estaban incomunicados.
Sin embargo, a pesar de la inconsistencia y precariedad de la situación militar de la izquierda, los impulsos, los sentimientos y la necesidad de generar una respuesta, por lo menos desde el sector de la militancia que estaba dispuesto a rearticularse y luchar, condujeron a ciertos grupos, que aún estaban operativos, a valerse de todos los medios disponibles para planificar una acción, prescindiendo de los conductos regulares de los partidos y sus estructuras orgánicas.

La planificación previa y las coordinaciones para la resistencia

Los días anteriores a la balacera del viernes 14, un grupo de militantes de izquierda, cuyos partidos se encontraban, a esa altura, descabezados y dispersos, se reunió en una cancha de baby fútbol en el cuarto sector de Playa Ancha, para coordinar algún tipo de acción. La mayoría de los dirigentes y militantes estaba a la expectativa de lo que fuese a ocurrir, o bien, intentando comunicarse de alguna forma, debido a que las líneas telefónicas estaban cortadas desde el día 11 y no se podía utilizar la radio. Aún así, este reducido grupo logró ponerse en contacto y darse cita para estructurar un plan de resistencia.
Tito, militante del MIR quien no quiso entregar su verdadero nombre por razones de seguridad, participó de esta reunión de coordinación, en que se definiría el plan de acción para el movimiento de los días posteriores.

“(…) Entonces logramos hacer contacto con los socialistas, sería interesante que conversaran con él, el abogado Emilio Contardo, (…), él era uno de los jefes de Los Elenos, que era esta facción al interior del Partido Socialista, y que planteaba una tesis similar a la del MIR en el PS; entonces, como había una correspondencia con ellos, decidimos juntarnos el día trece en la tardecita me parece que fue, en el cuarto sector de Playa Ancha, en donde había una cancha de basquetball o de babyfutbol, a jugar un pichangueo y a hacer una reunión. Ellos se comprometieron a llevar gente del PC (…) y llega también gente del MAPU, que por cierto no tenía mucha (…)”.

Emilio Contardo participó de esta reunión y reprodujo el diálogo que sostuvo con su acompañante en una casa de seguridad en Playa Ancha y la cita con los militantes comunistas, del MIR y gente del MAPU.

“(…) y quedamos que a las tres y media nos íbamos a juntar, ¿Dónde?, En una cancha que hay aquí, que yo no se donde está, llévame tú. Y él me dijo, ya, vamos, yo te acompaño. Llegamos y ya estaban los camaradas comunistas, entonces sentados, unos adelante, otros atrás, y conversando sin mirarnos las caras para que no pareciera que estábamos reunidos y dicen… ‘Mira huevón, nosotros todavía no tenemos noticias, no sabemos dónde, qué pasó con el Comité Regional, no hemos tenido nada, y no podemos actuar si no nos dice ‘upa’ el Comité Regional’ (…).

El citado encuentro puede ser considerado como el antecedente de una acción de resistencia que se transformaría en el primer intento de las estructuras partidarias de la UP en Valparaíso, a tres días del Golpe, pensada como una forma de contrarrestar el avance de los militares.
Con la mayor parte de las cúpulas dirigentes en estampida, los pocos militantes que lograron contactarse y establecer una coordinación, actuaron casi en forma espontánea, ante la precaria y riesgosa situación que se vivía en el puerto.

UNA CATARSIS INESPERADA, EL INICIO DE LA BALACERA

Eran casi las siete de la tarde del viernes 14 de septiembre y los porteños que aún estaban en la calle se apresuraban por llegar a sus hogares antes del toque de queda. Había tensión en el ambiente. Aquella tarde primaveral parecía anunciar que algo ocurriría.
De pronto desordenados estruendos de balas se hicieron sentir en diversos puntos de Valparaíso, casi simultáneamente, los que fueron precedidos por intensas ráfagas de ametralladoras, que anunciaban que aquella no sería una de las breves y aisladas balaceras de los días anteriores.
A esa hora los militantes, coordinados el día anterior, ya estaban apostados en los lugares asignados y se disponían en posición de ataque, con el temor y la incertidumbre que la riesgosa acción que intentaban infundía en sus corazones.
Mientras tanto, la esperanza de quienes añoraban una respuesta armada al Golpe de Estado reverdecía con la idea del inicio de la resistencia, y a la vez, el temor y el pánico hacían presa de los más pesimistas y de los que entendían que estaba sucediendo.
Tito, según cuenta, era uno de los participantes de las coordinaciones y de la acción que marcaría el inicio de la balacera por lo menos para el sector de Playa Ancha. Él relata que la maniobra se habría coordinado para las 12 de la noche, pero que decidieron adelantarla por los inconvenientes que generaría la tranquilidad de esa hora para una operación de tales características. Además, el horario de la acción habría sido filtrado por la inteligencia naval que desde las 15 horas ya se preparaba para un supuesto contraataque de las fuerzas de izquierda.

“(…) por eso decidimos que había que adelantar esto, ¿Pero cómo?, no habían teléfonos, no había radio, no existía el teléfono celular, decíamos: ‘pero si ellos saben que se va a dividir (la marinería), les podemos generar una confusión, que por lo menos comiencen a disparar para que se enteren los compañeros que hay que actuar rápido’, porque además, el toque de queda era a las siete de la tarde, y nosotros íbamos a atacar a las doce de la noche, ya era una ciudad congelada, entonces decíamos, ‘mira la cagada que estamos haciendo’, y estos otros socialistas no saben esta huevada. No supieron, nadie fue capaz de prever que esta acción se iba a hacer en una ciudad congelada, a medianoche, donde los únicos que se iban a desplazar eran los guerrilleros urbanos y las Fuerzas Armadas en jeep disparando y matando como pajaritos, entonces nos dimos cuenta de ese error (…)”

Según lo narrado por el propio Tito, sin comprender el funcionamiento de los juegos de inteligencia, los militantes que participaron de la coordinación invitaron ingenuamente el día antes de la balacera, a un sector de la población a participar de este ‘levantamiento popular’ contra el Golpe, incluyendo al personal de la baja marinería que se encontraba apostado en las barricadas cercanas al lugar donde estos se encontraban.
Una vez que se dieron cuenta de esto, buscaron con urgencia una solución para precipitar el enfrentamiento, de manera tal que alertara al resto de los grupos coordinados que se encontraban en otros sectores de Valparaíso.

“Después de entender que nos habíamos mandado la cagada decidimos precipitar esto, ¿Cómo lo vamos a precipitar?, (se preguntó) vamos a atacar una barricada, ¿Qué es lo que había?, puta había un revolver 22 argentino, nada más ¿Pero qué barricada íbamos a atacar?, entonces decidimos atacar la barricada que está en la Escuela Naval.
Y como nosotros conocíamos a fondo cada centímetro de la geografía de esos cerros, del Cordillera, cerro Toro, de Playa Ancha, sabíamos que si nosotros hacíamos esto antes del toque de queda, eso era a las siete, si lo hacíamos, a las seis diez, seis y cuarto, podíamos ir con un vehículo desde abajo, dispararle a esa barricada e íbamos a precipitar algo, eso fue lo que decidimos (…)
Y nos robamos una camioneta, partió, yo iba manejando, nos pusimos detrás de unas micros que doblaban, y le mandamos como cuatro tunazos a la barricada, y después nos fuimos detrás de la micro, y empezó una balacera así, increíble (…)”.

El cadete naval situó el inicio de la balacera alrededor de las 20:00 horas, cuando en su Escuela se da la orden de cubrir las posiciones de combate.

“El día 14, yo creo que fue un día normal hasta como a las 3 de la tarde. A esa hora llegaron informaciones de inteligencia, y se juntó a toda la escuela para informarnos que la cuestión venía dura, y se mandaron a cubrir los puestos de guardia y atrás de la escuela.
En la noche, ya como a las 20:00 horas, se tocó el zafarrancho de combate (…) todos los que estaban en los puestos estaban con armamento, con munición y con comunicaciones con el eje central, listos para repeler cualquier ataque”.

La inquietud al interior de las filas de los cadetes navales era evidente; tenían poco tiempo de entrenamiento y nunca se habían encontrado en una situación de combate real. Aquel sería su “bautismo de fuego”.
El profesor Claudio Díaz, coincidiendo con Tito, afirma que la hora de inicio de la balacera tuvo lugar antes de las 19 horas, ya que según él, para ese horario se habría fijado el toque de queda.

“Como 15 minutos antes del toque salen frescos y salen rajados escapando por el Barón, exactamente a las siete, en todos los puntos de la ciudad al mismo tiempo (…) se forma un taco en un segundo en Barón, un mega taco, ya que se propagó muy rápido por la avenida España y, los más astutos lograron salir rápido y se fueron por Santos Ossa, a los dos minutos había un taco en Santos Ossa, porque también estaba disparando allá.
Así que la ciudad quedó bloqueada por las dos únicas vías de automóvil que habían; después ya estaban lo caminos por los cerros que son para expertos, pero tampoco se pudo, porque poco después ya había baleo en toda la ciudad.” .

Si bien la hora en que se comienzan a sentir los primeros disparos varía entre las fuentes, la mayoría coincide en que sería entre las 18:00 y las 19:00 horas del día 14. Este horario coincide además con el señalado por los testimonios como el del toque de queda, que sería a las 19:00 horas.
A pesar de las coincidencias en los relatos, no ha sido posible encontrar una versión clara de la hora en que se establece la medida el día 14 en Valparaíso. Cabe suponer que la hora de inicio de la balacera podría haber diferido según el lugar en que se verificaron los hechos. Aún así, todos los entrevistados coinciden en que fue al anochecer, por lo cual, la evidencia indica que el horario de inicio de la balacera tuvo lugar a la hora antes señalada.
Por otro lado, el sector en donde se iniciaron los disparos no pudo ser establecido con claridad en la investigación, dado que el acontecimiento no se restringió a una zona específica, sino que tuvo diversos focos en todo Valparaíso.
Finalmente, el relato de Claudio Díaz hace alusión a una gran congestión vehicular en la Av. Argentina producto del caos que provocaron las balas entre los automovilistas y transeúntes. Este hecho fue corroborado por las versiones de prensa.

Los escenarios de la balacera

En el mapa de la ciudad de Valparaíso que se muestra a continuación, se detallan los lugares sindicados por las fuentes como focos de las acciones acontecidas la noche del 14 de septiembre de 1973 en Valparaíso. También se incorporan los sitios en donde se registraron muertes comprobadas tanto por los relatos de los testigos como por las fuentes bibliográficas.
El objetivo de incorporar este mapa responde a la inquietud de poder graficar una vista general de los puntos en donde se pudo establecer que hubo enfrentamientos.

Valparaíso bajo fuego

Con el pasar de los minutos la balacera fue recorriendo los rincones de Valparaíso entre los distintos puntos donde hemos podido registrar acciones armadas. Los estruendos quebraron el silencio de la tarde y noche, y la tensa calma que se había apoderado de los días previos, mientras muchos porteños oían aterrorizados el sonido de las ráfagas y los disparos. Afuera, mientras el sol se ocultaba, grupos de hombres y mujeres se desplazaban entre las sombras parapetándose entre las escaleras y recovecos del puerto, en una acción que algunos calificarían de heroica y otros simplemente de ingenua y suicida.
Quizás Playa Ancha fue el sector en donde el fuego fue más nutrido, y en donde abarcó más espacio, tal vez, por la presencia en el lugar del Regimiento Maipo y la Escuela Naval.

“(…) ¿Cómo partió esto? Partió con una balacera en el sector del Maipo, cerca de las 8 de la noche o algo así. Esa balacera se trasladó hasta las calles aledañas que bajan en dirección a la Caleta el Membrillo. Estos gallos se parapetaron ahí, y le dispararon al Maipo y le dispararon a la Escuela, y de ahí desaparecieron; y los huevones nos agarramos a balazos con el Maipo, (se ríe) obviamente si te disparan de allá tu disparas hacia el mismo lado, pero era el Maipo el que estaba disparando para acá, hasta que alguien se dio cuenta y paró este cuento.
Después se fueron a la torre de lo que era la Escuela de Medicina, la torre de la Universidad de Valparaíso, ahí se metieron y dispararon a la escuela y nos dispararon a nosotros”.

Así describió el inicio de la balacera el cadete naval, quien vivió el hecho desde dentro de la escuela y pudo enterarse de mayores detalles a través de los relatos de sus propios compañeros.
Desde la ventana de su dormitorio en la avenida Pacifico, Hermes Salazar, con sus 12 años, fue testigo de la balacera del 14 en el sector de Playa Ancha. Desde allí pudo ver con detalles el enfrentamiento ocurrido en la torre de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile.

“(…) hubo baleos en el sector del Regimiento Maipo y la Escuela Naval. La visión que yo tengo, de lo que pudo haber ocurrido en ese sector, principalmente en lo que era la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile en ese entonces, es que unos niños, unos cabros jóvenes, de entre unos 25 o 20 años, se atrincheraron allá en la Escuela de Química y Farmacia y ahí empezaron a disparar. Desde mi casa se podía ver que los acribillaron a balazos, con metralletas, todo eso. Ahí estaban involucrados tanto Infantes de Marina como militares…entonces entre ellos fue todo, el… como te dijera… se dieron la facultad para poderlos acorralar y no tuvieron escapatoria y les empezaron a disparar para arriba no más a todo lo que dio (…). Aún están las marcas del ametrallamiento que le pegaron ahí, las ráfagas de metralleta que les tiraron por todos lados, fue una cosa que duró… tiene que haber durado alrededor de unas tres o cuatro horas…más menos”.

Según los relatos recogidos en la investigación, uno de los lugares en donde se registró mayor actividad aquel 14 de septiembre, fue Playa Ancha, principalmente el área en que se encuentran la Escuela Naval, la Facultad de Química y Farmacia, de la hasta entonces Universidad de Chile; el Instituto Pedagógico de la misma universidad, el Parque Alejo Barrios, y más arriba, el Regimiento Maipo, y el paseo 21 de Mayo.
En estos lugares el hecho habría respondido a una confusión entre los efectivos militares, probablemente provocada por la acción de terceros al inicio de la balacera. Sin embargo, no se han logrado corroborar las identidades de los involucrados en el suceso, ni qué grado de influencia tuvieron en la citada confusión.
Por otro lado, las marcas de los rebotes de múltiples balas que aún se advierten en la torre de la Facultad de Química y Farmacia, y los relatos de algunos entrevistados indican que, efectivamente, hubo una persona que logró apostarse en lo alto de dicha torre y efectuar algunos disparos, recibiendo como respuesta la acción de los militares del Regimiento Maipo y de la Escuela Naval. Sin embargo, se desconocen mayores detalles del episodio, así como del destino del sujeto, el que tampoco ha logrado ser identificado.
A poco andar la balacera ya envolvía gran parte del puerto. Desde que se habían iniciado los disparos los focos de enfrentamientos se multiplicaban por doquier generando una sensación de caos generalizado.
La noche caía sobre Valparaíso mientras retumbaban los estallidos de las armas y silbaban las balas por entre las casas. La incertidumbre era total; nadie tenía idea de qué sucedía afuera; sólo escuchaban el ensordecedor ruido de la balacera.
En la Plaza Victoria y sus alrededores el movimiento era bastante intenso. La agitación de los efectivos militares y el movimiento de algunos civiles en la calle daban indicios de que algo sucedía allá afuera.
Desde los edificios colindantes a la plaza algunas personas pudieron advertir cómo un pequeño grupo de hombres era encañonado y golpeado por militares, mientras, como telón de fondo de aquel ocaso, se oían los disparos en lugares cercanos y también a lo lejos.
Ximena Leiva, con 12 años a la fecha del hecho, presenció desde la ventana de su casa parte de la balacera que se desarrolló en el centro de Valparaíso, en calle Edwards al llegar a avenida Independencia.

“Entonces empezaron a sonar algunos disparos, se empezaron a sentir muchos en la vereda donde nosotros estábamos, y luego cuando empezaron a ser demasiado insistentes, llegó Carabineros, pero también llegaron milicos; nosotros nos asomamos a ver, y pronto empezaron a decir ¡no se asomen!, y luego se oscureció. Eso debe haber sido como a las 7 u 8 de la noche. Y oscureció, y nos replegaron con megáfonos, nos decían ¡no se acerquen a las ventanas por que pueden correr peligro!, porque varios nos acercábamos y vimos que estaban con luces, y habían disparos y francotiradores al lado del edificio, porque era un edificio antiguo (…)
(…) sí agarraron a varios, porque a parte de cómo gritaban y todo, en algún momento, sobre todo mi abuela que era muy osada, se acercó a la ventana, porque escuchábamos los gritos. Los tenían ahí donde está Ripley actualmente, en ese muro, pero no eran todos, yo tengo que haber visto tres o cuatro y todos eran hombres, pero después de eso seguían los disparos”.

Bruno Bernal había comprado un departamento en el mismo edificio en que vivía Ximena Leiva, pero con vista hacia calle Pedro Montt. Desde allí pudo observar lo que podría llamarse un allanamiento al edificio del diario La Unión, el que por esos días pertenecía al Partido Socialista y había sido objeto de sucesivos allanamientos desde el 11 de septiembre.

“Esa noche, como no tenía cama, tenía el departamento desocupado, lo único que hice fue asomarme por la ventana poniendo los ojitos así para mirar cómo eran los acontecimientos en los alrededores. Así detecté que esa noche a todos los trabajadores del diario La Unión los sacaron a la calle y los tendieron de guata en una hilera; eso es todo lo que vi, y al día siguiente los marinos estaban recogiendo las vainillas de las balas”

Otros testimonios indican que se habrían realizado disparos en otros puntos de Valparaíso, específicamente en el cerro El Litre y el cerro Monjas; además de un fuerte enfrentamiento en la Compañía Chilena de Tabacos, en que habrían estado involucrados militantes de izquierda y trabajadores de la propia empresa.
En el centro de Valparaíso la evidencia apunta a que los disparos se concentraron en los alrededores de Plaza Victoria, en las intersecciones de Edwards con Independencia, y frente al edificio del diario La Unión, actual oficina del Arzobispado de Valparaíso en calle Chacabuco.
No se ha logrado establecer con certeza que se hayan producido ejecuciones sumarias en los lugares mencionados, aunque tampoco podemos descartar esta posibilidad dado el clima dominante en la época.
A lo largo de la Avenida Argentina también se registraron bastantes disparos. Algunos señalan que estuvieron concentrados en las afueras del Gasómetro de Valparaíso, en los alrededores del ex Hospital Deformes (donde hoy está el edificio del Congreso), además de algunos tiros en las intersecciones de calle Victoria y avenida Colón.
Es en este sector en donde se registran las únicas muertes conocidas producto de la situación que se vivía aquel día, y que corresponden a René Aguilera Olivares, cuyo deceso consta en el Informe Rettig; y además la niña Soledad Poblete, quien habría encontrado la muerte al interior de su hogar luego de que una bala ingresara a través de una de las paredes que daba hacia la avenida Argentina, y que la impactó en el pecho, lo que le ocasionaría la muerte horas más tardes por las graves lesiones y falta de atención médica. Su deceso no quedó registrado en el informe por decisión de la propia familia.
En el Informe Rettig sí se deja constancia de la muerte de Aguilera:

“El mismo 14 de septiembre de l973 muere, René Guillermo AGUILERA OLIVARES, de 41 años de edad.
Ese día, como ya ha sido señalado anteriormente, se produjo un tiroteo en el puerto de Valparaíso. En ese episodio el afectado recibió dos impactos de bala que provocaron su deceso en la vía pública.
Conocidos los hechos que condujeron a su muerte esta Comisión se ha formado convicción que René Aguilera fue víctima de la situación de violencia política de ese momento”.

Osvaldo Muñoz habitante del sector de Ramaditas, frente a la avenida Argentina, militaba en Movimiento Obrero Católico y tenía 22 años. En su relato describe lo que vio desde aquel lugar.

“Y ese día que fue la balacera empezó a sentirse un balazo, después otro, luego una ametralladora. Se sentían, las balas… nosotros nos asomábamos desde los miradores que tiene el cerro y veíamos las luces de colores por arriba de nosotros, y eran balas… ahora me doy cuenta de que eran balas de un calibre más o menos serio. Después, conversando con amigos que saben de armas, decían que eran unas punto 30 que instalaron ahí abajo y que con esas disparaban. Esa balacera fue algo impresionante para nosotros, por la cantidad de balazos que sonaban y que pasaban por encima de nuestras cabezas” .

A escasos metros de donde se encontraba Muñoz, en la avenida Argentina, a la altura de calle Victoria, Claudio Díaz fue testigo de la balacera producida en esa arteria principal del puerto, observando de cerca la acción que se estaba produciendo en aquél lugar.

(…) En la avenida Argentina se estaba disparando mucho, porque estaba toda la respuesta de todos los milicos, marinos y pacos, porque, en general, la técnica era proteger cada esquina con dos tipos, no tenían gente para todas las esquinas, pero más o menos esa era la norma. Así que había un baleo muy fuerte; yo iba con un amigo que era de estos civiles que trabaja para la Armada, íbamos en el auto y llegamos al taco muy pronto, y este huevón reacciona muy rápido y se va por una calle paralela hacia Santos Ossa… quedamos bloqueados a la altura de Victoria al llegar a la avenida Argentina. A esa altura había ya un taco y el baleo era muy fuerte. ‘Mira huevón, frena, bajémonos de ésta huevada y tirémonos al suelo de guata, hazme caso a mi que tengo entrenamiento’, porque ahí el mayor peligro era… yo vi que era gente muy joven… los milicos, yo lo sabía, tenían apenas seis meses de entrenamiento; un huevón con seis meses y un fusil en la mano es una cosa muy peligrosa”.

Los enfrentamientos en este lugar corresponderían, al igual que en los escenarios anteriores, a un intercambio de fuego amigo, y aún no se comprueba si existió acción de militantes o terceras personas que dieran pié a una confusión inicial de los uniformados.
La niña Poblete y Aguilera son los únicos fallecidos confirmados provocados por la balacera. Ambas muertes suceden en condiciones que no nos ha sido posible establecer con claridad, aunque en el caso de René Aguilera la información que manejamos es más confusa y preliminar, a pesar de existir un registro escrito de su muerte.

El final de la noche y el silencio

Luego de la nutrida balacera, los sonidos fueron cada vez distanciándose más, los focos de la supuesta resistencia habían sido acallados por la enérgica respuesta de los uniformados.
Sin embargo, hacía rato que en este concierto solo se escuchaba una voz cantante, que dominaba la noche con fuerza y fuego.
Así como comenzó, de pronto no se oyeron más tiros, cesó el traqueteo de las ametralladoras y el tronar de las balas, un angustioso silencio volvía a apoderarse de la ciudad. Al día siguiente, sería comentario obligado, pero las preguntas se multiplicarían tanto como los estallidos de la noche anterior.
La tranquilidad del puerto se vio violentada por disparos que se prolongaron durante varias horas. Algunos testigos señalan que se extendió hasta las 3 ó 4 de la mañana y otros afirman que solo fue hasta las 21 horas. Lo mismo sucede con la intensidad de estos, la mayoría recuerda que el intercambio de fuego fue nutrido en un primer momento, decayendo con el pasar de las horas. Sin embargo, hay quienes sostienen que los disparos se dieron en forma intermitente durante toda la noche.
La evidencia recolectada no permite establecer una delimitación exacta de la duración e intensidad de la balacera, sin embargo, puede establecerse que sí hubo una concentración de los disparos durante las primeras horas que duró el hecho, y que luego se redujo a focos dispersos en distintos horarios.

La prensa, sus versiones y culpas

La mañana del 15 de septiembre, cuando la balacera ya había cesado, El Mercurio de Valparaíso titulaba en portada “Comandos Suicidadas Originan Terrorismo. Fusilado criminal extremista”, haciendo alusión a la balacera del día anterior. El relato contado por este medio y también reproducido por “La Estrella de Valparaíso”, hacía referencia a un enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas y elementos extremistas coordinados, con amplio poder de fuego, que incluía entre las herramientas de combate, armas automáticas y ametralladoras.
Así, los únicos medios circulantes en la región de Valparaíso publicaban en sus artículos informaciones sesgadas y manipuladas, basadas en las informaciones oficiales que por lo general, no se apegaban a la realidad de los sucesos. Esto debido a que la mayoría habían sido sacados de circulación y los que se mantenían, se regían por las reglas que el Régimen Militar había estipulado 4 días antes en el bando nº 15 titulado “ Censura y Clausura de Prensa”:

“Se ha designado una Oficina de Censura de Prensa, que funcionará en la Academia Politécnica Militar del Ejército (San Ignacio Nº 242), que tendrá bajo su control las publicaciones escritas autorizadas; el sistema a utilizar será el de la censura a la edición impresa. Por lo tanto los directores de los diarios mencionados tendrán la responsabilidad de entregar diariamente antes de su emisión las respectivas muestras para poder proceder a su revisión.
Se advierte que la emisión de todo otro órgano de prensa escrita que no sea la debidamente autorizada, será requisada y destruida”

Bajo esta situación, El Mercurio de Valparaíso narró el hecho en portada de la siguiente manera:

“Varios comandos suicidas, integrados por elementos terroristas de extrema izquierda, en una acción debidamente coordinada, pretendieron ayer tomarse los cuarteles de varias unidades militares y de Carabineros de Valparaíso, lo que motivó una intensa balacera, cuya mayor intensidad se registró entre las 19 y las 21 horas, provocando una extraordinaria alarma pública en los barrios en que se originaron estos sucesos, a la vez que una inusitada congestión de tránsito, ya que quedaron cortadas las principales arterias de Valparaíso y de comunicación con Viña del Mar”.

Con la prensa intervenida por el régimen, los medios de comunicación perdieron parte importante de la influencia que tenían como mediadores entre los centros de poder y la comunidad.
La entrega de información sin cuestionamientos por parte de quienes las emitían, no solo hizo evidente la falta de libertad y pluralidad durante la época, sino que también el constante temor al que la sociedad se vio sometida, diluyó por un tiempo el sentido de pertenencia a un grupo de personas, a una colectividad que se relaciona entre sí y que a partir de su conexión se transforma en opinión pública.
Esta situación forzó a los medios a dejar de lado su misión de informar libre y autónomamente a la comunidad, construyendo una realidad que carecía de verosimilitud y que se volvió ajena a lo que parte de los porteños veía día a día. Así quedó establecido entre las personas que fueron entrevistadas para esta investigación, muchas de ellas conservan en su memoria recuerdos sobre la balacera que se distancian bastante de la forma en que los medios abordaron el tema.
La intervención de la prensa tuvo como principales objetivos, silenciar las voces disidentes, generar una sensación de control total en la ciudadanía y uniformar los discursos mediáticos. De esta forma, los pocos medios que quedaron en circulación después del 11 de septiembre, emitían informaciones filtradas por los organismos de censura y seleccionaban sus temáticas de acuerdo a los intereses de la Junta Militar.
Los medios como el Mercurio de Valparaíso y La Estrella de Valparaíso, así como también Radio Agricultura, por mencionar los que funcionaban en la región, se transformaron en la voz del régimen, y fueron utilizados para lograr los objetivos comunicacionales de la Dictadura.

4. Conclusiones
A partir de los datos recolectados por esta investigación y del tratamiento de las entrevistas realizadas podemos concluir que:

1.- El movimiento del 14 de septiembre de 1973 en Valparaíso respondió esencialmente a un impulso de algunos militantes que lograron coordinarse y actuar. Sin embargo, el curso de acción que siguieron se ciñó a las directrices de una planificación previa destinada a la defensa del gobierno, estructurado fundamentalmente desde el PS. También, que la balacera se habría producido por una confusión entre los efectivos de las Fuerzas Armadas, probablemente ocasionada por la acción de terceros, desconociéndose el grado de influencia que pudo tener la acción planificada por la militancia en los días previos.
Tampoco se pudo determinar con certeza si este movimiento tuvo otro carácter, por ejemplo, el de una maniobra de inteligencia de las FF.AA. destinada a detectar los posibles focos de resistencia militante, así como también los elementos disidentes al interior de las filas militares.

2.- Se puede establecer que la balacera se extendió por diversos sectores de Valparaíso casi simultáneamente, pero no queda claro si esta extensión se debe a la coordinación de los elementos de la militancia, o a una reacción espontánea de otras personas o grupos.
Los lugares en donde se logró verificar disparos aquella noche fueron, Playa Ancha, principalmente las inmediaciones del parque Alejo Barrios, Plaza Victoria, Avenida Argentina y el Cerro Barón, a la altura de la Iglesia de San Francisco.

3.- La reunión de coordinación previa al movimiento del 14 tuvo como objeto articular una resistencia al golpe por parte de la militancia. No obstante, como las estructuras dirigenciales estaban dispersas, no existió una conducción político militar del operativo. En esa reunión hubo pocos dirigentes presentes y una cantidad indeterminada de militantes de los partidos de la UP, los que se concertaron casi espontáneamente ante la necesidad de dar una respuesta armada al Golpe.
A nivel dirigencial no existe una reivindicación de la acción militante del 14, principalmente porque no hubo mayor presencia ni conocimiento de los dirigentes, de lo que se tramaba en la clandestinidad. Por esta razón al interior de los partidos de izquierda no se reconoce ni se da importancia al hecho y más bien se lo ignora y atribuye a una acción de la inteligencia naval para desarticular a la resistencia.

4.- Las características que rodearon el hecho, así como el contexto en el que se desarrolló, sugieren que existió violencia política manifiesta y explícita dado que hubo una expresión abierta de un choque entre un poder hegemónico y un poder reactivo, que tuvo características violentas en el marco de un quiebre del orden institucional del país. Este acto puede considerarse una excepción dentro de las condiciones ya establecidas por los militares y la situación de violencia estatal impuesta, ya que a posteriori no habría otras manifestaciones parecidas, por lo menos en la ciudad de Valparaíso.

5.- La prensa de la época publicó información manipulada y exagerada de los hechos, haciendo alusión a un alto poder de fuego y organización por parte de la militancia de izquierda, elementos que pudieron ser desmentidos por esta investigación. Por esta razón, creemos que quienes recuerdan la acción no se aproximan al relato que la prensa publicó por lo que asumimos que, al ser manipulada por los militares, ésta perdió legitimación entre un sector de la población.
En el caso de la balacera del 14, la carencia de una prensa que hiciese las veces de unificadora de las memorias individuales dispersas, permitió que la propia vivencia y recuerdo del acontecimiento dieran pie a la deformación de los hechos y a la creación de mitos en torno a él.
Por lo tanto, en el caso investigado prima una memoria colectiva popular que sustituyó a la visión impuesta desde el Estado a través de los medios, y que se enfoca en aspectos de la historia que no son rescatados por la memoria oficial.
La permanencia de este hecho en el tiempo fue posible gracias a que las memorias individuales de los que vivieron el suceso fueron compartidas por su núcleo familiar que ratificó lo vivido y vinculó estos relatos con el de su entorno social más cercano, dando valor a la oralidad como herramienta de unión entre ambas experiencias.
Sin embargo, y a pesar de esta permanencia del recuerdo, los acontecimientos del 14 de septiembre de 1973 han vivido en un permanente silencio que ha promovido el olvido del episodio y la pérdida de este pasaje de la historia porteña.

6.- El movimiento del 14 de septiembre de 1973 en Valparaíso puede considerarse como la última reacción coordinada de la militancia porteña, ya que no se registran otras acciones similares, por lo menos durante la década de los 70’. El hecho de que haya sido un evento aislado contribuyó a generar mitos en torno a él, ya que no había mayores antecedentes acerca de acciones de esta envergadura.

5. Epilogo

La balacera del 14 de septiembre de 1973 ha dado pié a la creación de mitos y especulaciones en torno al real carácter que tuvo este hecho. A través de esta investigación hemos intentado desentrañar algunas de las incógnitas que permanecían aún en el inconsciente colectivo porteño. Sin embargo, existen interrogantes que no podemos contestar con nuestro estudio y muchos pasajes de este acontecimiento que no hemos podido reconstituir debido al tiempo transcurrido desde su ocurrencia, a la falta de estudios previos y a la fragilidad de las memorias individuales.
En este sentido, una de las principales incógnitas que quedan una vez concluido este trabajo, tiene relación con el origen y objeto de este movimiento, ya que cabe la posibilidad de que la acción haya sido coordinada y ejecutada por la inteligencia militar como un forma de provocar la reacción de los grupos de izquierda aún operativos, a los grupos o individuos que estando al interior de las Fuerzas Armadas perteneciesen o simpatizaran con algunos de los partidos de la UP; o bien para generar una situación de guerra que diera una señal de fuerza e infundiera temor en la población como también entre los propios militares, dada las condiciones que se dio el golpe en Valparaíso.
Podría suponerse también que la población porteña no asimiló el Golpe Militar sino hasta después de la balacera del 14, por lo que podemos entender ésta como una acción que marca un precedente del silencio que embargaría al puerto posterior al acontecimiento.
Bajo esta línea, cabe suponer que estratégicamente la acción habría servido de justificación para una reacción violenta y represiva por parte de los organismos militares.

Bibliografía

Diario El Mercurio de Valparaíso, 15 de septiembre de 1973. Pág. 1

Diario El Mercurio, 15 de septiembre de 1973. Santiago. Pág. 10

Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación. (1991). Pág. 291, Tomo 1. Santiago.

Loveman, Brian y Lira, Elizabeth. Arquitectura política y Seguridad interior del Estado: 1811 – 1990. Universidad Jesuíta Alberto Hurtado: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2002. p. 323

Verdugo, Patricia. (1998). Interferencia Secreta, 11 de septiembre de 1973. Editorial Sudamericana chilena. Santiago.

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Recordando a Alex Muñoz Toro

12 junio 2010

Recordando a Alex Muñoz

“El humano, el humano está formado
de un espíritu y un cuerpo de un corazón ,
de un corazón que palpita al son de,
al son de los sentimientos. El humano está formado.”
Extracto Cueca “De Cuerpo Entero”, Violeta Parra

En octubre del ‘90 Alex, un joven amigo y apasionado cantor de la Avenida Washington, partía de Chile a tierras extranjeras y obviamente, sin imaginarlo, nos abrazaba por última vez en su despedida. Años más tarde, en junio del 2004, en un hospital de Cánada, aquejado de un cáncer y en compañía de su familia, cerraba sus ojos para siempre. Como humano dejaba este mundo con todas sus alegrías, con sus deseos y sus profundas tristezas.

Alex Muñoz Toro, había partido a Canadá, como tantos chilenos, ya a finales de la dictadura. Recuerda mi madre que al despedirse de ella comentó que llevaba bajo el brazo la receta del pan bati’o para trabajar por esos lados, pan que por cierto vendió en decenas de casas ramaditanas cuando intentó, junto a algunos amigos, montar una amasandería. Esa tarde, desde la esquina de la Calle Diocles, levantó su mano en señal de despedida.

Alex, aún era joven, sentía que era tiempo de cambiar y quizás ese era el momento. De seguro la decisión debe haber sido complicada, pero finalmente gratificada al reunirse con su madre Alicia y los suyos.

Hablar de Alex, es hablar de rebeldía, de inconformismo, de conflictos y cuestionamientos: todo era discutido y todo cuestionado. Resultaba entretenida su conversación y muchas veces, sin pelos en la lengua, subía y bajaba a quien le pareciera. Con su acostumbrada irreverencia emitía juicios políticos en el límite de la descalificación. Para la época, resultaba chocante el ser tan duro con personeros o compañeros dirigentes, pero Alex no tenía consideraciones ni contemplaciones. De alguna manera fue profeta en muchas cosas. No se equivocó en lo que iba a pasar en democracia, por eso no pocas veces tenía opiniones deesperanzadoras al respecto. En eso fue incomprendido e ignorado. Pese a todo ello, Alex no era una persona grave, tenía un humor particular y la alegría también lo acompañaba.

Participó en grupos y organizaciones de una época dura y compleja en el Barrio O’Higgins, desde el Centro Juvenil “Nuevos Horizontes”, pasando por los grupos de iglesia hasta las típicas AGP, “acciones de agitación y propaganda” que organizaba la Izquierda Cristiana en el sector. Nunca se negó a los rayados de muro, panfleteos o murales para las jornadas de Protesta Nacional. Para que decir de las Peñas. Siempre era invitado a cantar por los clubes deportivos, centros culturales o sindicatos. Alex solidarizaba y cumplía.

Por mi parte compartí la experiencia de caer detenido con él en 1984, en medio de una protesta estudiantil cerca de la Universidad Católica de Valparaíso. Nos detuvieron cerca del rodoviario porteño: salvaje tirón de pelo, luego al suelo de la micro de los pacos y una salsa de palos de bienvenida. No contentos con eso, a la entrada de la comisaría de Barón nos reciben más pacos en un callejón de lumazos y patadas. Gracias a su madre, que pagó la multa, salimos el mismo día al límite del toque de queda en plena jornada de protesta y aún cojeando por los palos recibidos.

Una característica en Alex, era su espíritu de aventura y la búsqueda de nuevos derroteros. Siendo muy joven trabajo en barcos mercantes. Logró, gracias a ello, visitar el Museo del Prado en Madrid. Siempre contaba ese hecho con mucha admiración y orgullo. Tuvo siempre ganas de conocimiento, de estudio. Con su trabajo logró comprar las obras completas de Freud. Sin duda le llamaba la atención la sicología, pero para su tiempo era un anhelo impensado.

Así como disfrutaba de la lectura, también lo hacía con el canto. Violeta Parra y sus cuecas eran las preferidas aunque contaba también en su repertorio Atahualpa Yupanqui, con los “Ejes de mi carreta” y Mercedes Sosa con “El Lanchero”, canción que interpretó en un festival sindical portuario y con la cual ganó el obtuvo el primer lugar.

Cuando supimos de su temprana muerte, la noticia nos golpeó muy fuerte. La tristeza estaba además teñida de ausencia al tratar de asumir un luto desde la distancia.

Como muchos de quienes se despidió, siento algo pendiente, un abrazo de vuelta que nunca podrá ser. Aún así, nos quedan las cariñosas imágenes de un amigo alegre, optimista, cantando canciones de Violeta y esparramando chuchadas por doquier en conversaciones y convivencias. Nos queda un compañero culto, con sed de justicia y comprometido con un Chile distinto. Como tantos espero ver a Alex algún día, de alguna forma de vuelta en Chile, ya no cantando, pero si descansando y sino es así, como solía decir a fin de cuentas en su tono irreverente: “que hue’a cha-cha-cha”.

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A los y las habitantes de mi querido Barrio O’Higgins Bicentenario.

26 mayo 2010
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La Llegada de la micro al Cerro Ramaditas.

20 abril 2010

El cerro Ramaditas de Valparaíso inició su poblamiento en la década de 1940. Desde ese momento, los vecinos se organizaron para conseguir servicios básicos, construir sus viviendas y mejorar la infraestructura de su barrio. Esta fotografía presenta a pobladores que celebran la llegada de un recorrido de locomoción colectiva que unía el cerro con otras zonas de la ciudad.

El poblamiento del sector no fue fácil para los vecinos, como señalan las vecinas Pilar Valencia y Margarita Rozas. Las primeras casas fueron construidas con material ligero y no contaban con alcantarillado, electricidad ni caminos. La urbanización del cerro Ramaditas se inició en la década de 1960, cuando estas familias junto a nuevos pobladores se organizaron para conseguir los servicios básicos.

En este proceso crearon una junta de vecinos llamada “Isabel Rocuant”, en honor a la antigua dueña del terreno. A través de su organización, los habitantes del cerro lograron la instalación de electricidad en 1964 y al año siguiente la creación de un colegio de enseñanza básica. Uno de los principales desafíos que tuvieron que enfrentar los vecinos fue la instalación del alcantarillado y la pavimentación de las calles, trabajos que debieron realizar y financiar con su propio esfuerzo. El sacrificio de esta labor se refleja en el testimonio de Pilar Valencia: “Se trabajó para el alcantarillado, se trabajó para que después cada persona sacara su agua, su medidor, pero eso costó años”.

Las vecinas recuerdan las dificultades con el transporte, debido a que la locomoción no llegaba al cerro y tenían que caminar por calles en las que se abrían zanjas o por sectores baldíos que en el invierno se convertían en un lodazal, Pilar Valencia recuerda: “Mi mamá decía hay que atravesar el potrero para ir a tomar la micro, (…) y de ahí había que caminar para acá. No, si fue mucho el sacrificio, tienen que haber querido mucho el cerro los papás nuestros para quedarse acá”. Recién el 19 de abril de 1980, se inauguró el recorrido de buses “Carolina” que permitió a los pobladores tener acceso al transporte público en su población.

A pesar de estas dificultades, Margarita Rozas y Pilar Valencia destacan la unidad de los vecinos en esa época, la que se reflejaba en las festividades colectivas de cumpleaños, primeras comuniones y Navidad. En la celebración de fiestas patrias se instalaban ramadas en la ladera del cerro y se realizaban carreras de caballos, bailes y juegos como “carreras en saco, enhebrar la aguja, correr y masticar la manzana, sacar del plato de harina el dulce, correr con una cuchara y un huevo”, como narra Pilar Valencia.

Sin embargo, en la actualidad, los vecinos del cerro Ramaditas han perdido su unidad y ha ganado terreno el individualismo, lo que se refleja en la escasa participación de organizaciones sociales, como juntas de vecinos, grupos de adulto mayor y clubes deportivos, según explica Margarita Rozas. Además, debido al emplazamiento del cerro, todavía se presentan problemas de infraestructura, como algunas calles que no cuentan con acceso vehicular, pavimentación o no tienen aceras ni pasamanos.

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Autor: Dirección de Bibliotecas y Museos – Dibam

http://www.memoriasdelsigloxx.cl/publicNoticiasDetalle.php?idNoticias=52

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1er. Encuentro Artístico en Plaza Airola

1 abril 2009

El pasado domingo 22 de marzo, la Plaza Airola despertó de su tranquilidad habitual de fin de semana. La Junta de Vecinos en formación “Nueva Santa Elena”, organizó una entretenida tarde artística dirigida a la comunidad de los sectores que están incorporados en esta nueva organización vecinal. Al ritmo de Hip Hop, de Cumbias y Bandas del sector, se anunciaban las gestiones y avances en el respectivo municipio de la comuna a propósito de este proceso de constitución.

En el transcurso de la actividad se presentó además la directiva provisoria compuesta por los siguientes vecinos:

Presidente: Marcelo Baeza
Vice Presidente: Luis Grondona
Secretario: Juan Carlos Arriola
Tesorero: Miguel Díaz
Director: Daniel Iturra

Los vecinos disfrutaron los variados números artísticos.

Los vecinos disfrutaron los variados números artísticos.

Según, Marcelo Baeza, presidente de “Nueva Santa Elena”, esta es una de las primeras actividades y acciones que la nueva junta de vecinos pretende impulsar, reconociendo además que existen muchos desafíos en el sector partiendo, por ejemplo, por mejorar la Plaza Airola, centro de gran significado para los vecinos del sector. Una vez ratificada la organización vecinal, se realizarán ampliados a fin de identificar necesidades y sus respectivas soluciones en conjunto con la comunidad.

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Inscripción de socios y socias el domingo 12 de enero.

Inscripción de socios y socias el domingo 12 de enero.

Doscientes cincuenta vecinos han apoyado la nueva Junta de Vecinos.

Doscientes cincuenta vecinos han apoyado la nueva Junta de Vecinos.

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Nueva Junta de Vecinos en Ramaditas

25 marzo 2009

Según estudios (1) , en Valparaíso existen 1.343 Juntas de Vecinos las cuales pertenecen a las 158 Unidades Vecinales que han sido divididos en 8 sectores territoriales. Entre estos se encuentran:
Sector 3: Cerros Ramaditas, Rocuant, Delicias, O’Higgins, San Roque. Registra 31.000 habitantes.
Sector 4: Cerros La Merced, La Virgen, Santa Elena, La Cruz , El Litre, Las Cañas. Se incluyen sectores de El Almendral. Al igual que el Sector 3, en estos habitan 31.000 habitantes.
Al revisar las cifras nos percatamos de la magnitud de habitantes por sectores, sin aún referirnos a la complejidad geográfica y territorial. En este sentido el tema de identidad no es menor cuando se establecen los límites de las unidades vecinales.

Por otra parte, cabe la pregunta hoy en día si las Juntas de Vecinos están a la altura de responder a las necesidades de los vecinos y sus demandas. Recurrentemente se plantea que estas organizaciones no son referentes claves para el desarrollo de las comunidades en todas sus dimensiones tanto por su limitado rol como por los que le asigna el Estado. Para que decir el nulo subsidio estatal para su desarrollo y sustento.

En el caso del sector Ramaditas, Cuesta Colorada, las Juntas de Vecinos Nº 98 y Nº 99, han sido casi las únicas organizaciones vecinales activas durante los últimos diez años con un aporte estatal importante para una diversidad de proyectos de desarrollo comunitario. Recordemos que en el sector se aplicó uno de los primeros Programas Chile Barrio, con una inversión aproximada de $ 50.000.000 para algunas áreas de trabajo determinadas.

Durante este trabajo el sector de Ramaditas Alto recibió beneficios importantes, pero también hubo decisiones no tan pertinentes para la resolución de algunos problemas que los mismos vecinos señalaron en el diagnóstico inicial. Aún así las juntas de vecinos participaron, decidieron y dispusieron de recursos.

Sin embargo, dadas las necesidades, el conjunto de esfuerzos y gestiones realizadas no dan cuenta para un sector populoso como lo es el de la Nº 98, considerando que sus sectores, habitantes y familias presentan diversas realidades. En este grupo de medidas, proyectos e iniciativas en los sectores restantes han quedado simplemente marginados.
A la luz de esta sana reflexión, un grupo de vecinos y residentes de sectores de La Cantera, Santa Elena, Población Toesca y Federico Costa, se han reunido con el claro propósito de conformar una nueva junta de vecinos que los represente y considere sus demandas. Temas como la recuperación de la histórica Plaza Santa Elena, la Avenida Santa Elena, Fábrica Costa , iluminación del sector, accesos al sector La Cantera, consolidan inquietudes no menores de los convocados.

Por esta razón, en los sectores mencionados, los vecinos se encuentran en etapa de consultas en el municipio, recolección de firmas de apoyo y recepción de inquietudes como posibles actividades para la integración de sus vecinos.
A través de diversos medios, se informará a los vecinos de las reuniones y avances de la nueva Junta de Vecinos en el sector Santa Elena.

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