
Recordando a Alex Muñoz Toro
12 junio 2010Recordando a Alex Muñoz
“El humano, el humano está formado
de un espíritu y un cuerpo de un corazón ,
de un corazón que palpita al son de,
al son de los sentimientos. El humano está formado.”
Extracto Cueca “De Cuerpo Entero”, Violeta Parra
En octubre del ‘90 Alex, un joven amigo y apasionado cantor de la Avenida Washington, partía de Chile a tierras extranjeras y obviamente, sin imaginarlo, nos abrazaba por última vez en su despedida. Años más tarde, en junio del 2004, en un hospital de Cánada, aquejado de un cáncer y en compañía de su familia, cerraba sus ojos para siempre. Como humano dejaba este mundo con todas sus alegrías, con sus deseos y sus profundas tristezas.
Alex Muñoz Toro, había partido a Canadá, como tantos chilenos, ya a finales de la dictadura. Recuerda mi madre que al despedirse de ella comentó que llevaba bajo el brazo la receta del pan bati’o para trabajar por esos lados, pan que por cierto vendió en decenas de casas ramaditanas cuando intentó, junto a algunos amigos, montar una amasandería. Esa tarde, desde la esquina de la Calle Diocles, levantó su mano en señal de despedida.
Alex, aún era joven, sentía que era tiempo de cambiar y quizás ese era el momento. De seguro la decisión debe haber sido complicada, pero finalmente gratificada al reunirse con su madre Alicia y los suyos.
Hablar de Alex, es hablar de rebeldía, de inconformismo, de conflictos y cuestionamientos: todo era discutido y todo cuestionado. Resultaba entretenida su conversación y muchas veces, sin pelos en la lengua, subía y bajaba a quien le pareciera. Con su acostumbrada irreverencia emitía juicios políticos en el límite de la descalificación. Para la época, resultaba chocante el ser tan duro con personeros o compañeros dirigentes, pero Alex no tenía consideraciones ni contemplaciones. De alguna manera fue profeta en muchas cosas. No se equivocó en lo que iba a pasar en democracia, por eso no pocas veces tenía opiniones deesperanzadoras al respecto. En eso fue incomprendido e ignorado. Pese a todo ello, Alex no era una persona grave, tenía un humor particular y la alegría también lo acompañaba.
Participó en grupos y organizaciones de una época dura y compleja en el Barrio O’Higgins, desde el Centro Juvenil “Nuevos Horizontes”, pasando por los grupos de iglesia hasta las típicas AGP, “acciones de agitación y propaganda” que organizaba la Izquierda Cristiana en el sector. Nunca se negó a los rayados de muro, panfleteos o murales para las jornadas de Protesta Nacional. Para que decir de las Peñas. Siempre era invitado a cantar por los clubes deportivos, centros culturales o sindicatos. Alex solidarizaba y cumplía.
Por mi parte compartí la experiencia de caer detenido con él en 1984, en medio de una protesta estudiantil cerca de la Universidad Católica de Valparaíso. Nos detuvieron cerca del rodoviario porteño: salvaje tirón de pelo, luego al suelo de la micro de los pacos y una salsa de palos de bienvenida. No contentos con eso, a la entrada de la comisaría de Barón nos reciben más pacos en un callejón de lumazos y patadas. Gracias a su madre, que pagó la multa, salimos el mismo día al límite del toque de queda en plena jornada de protesta y aún cojeando por los palos recibidos.
Una característica en Alex, era su espíritu de aventura y la búsqueda de nuevos derroteros. Siendo muy joven trabajo en barcos mercantes. Logró, gracias a ello, visitar el Museo del Prado en Madrid. Siempre contaba ese hecho con mucha admiración y orgullo. Tuvo siempre ganas de conocimiento, de estudio. Con su trabajo logró comprar las obras completas de Freud. Sin duda le llamaba la atención la sicología, pero para su tiempo era un anhelo impensado.
Así como disfrutaba de la lectura, también lo hacía con el canto. Violeta Parra y sus cuecas eran las preferidas aunque contaba también en su repertorio Atahualpa Yupanqui, con los “Ejes de mi carreta” y Mercedes Sosa con “El Lanchero”, canción que interpretó en un festival sindical portuario y con la cual ganó el obtuvo el primer lugar.
Cuando supimos de su temprana muerte, la noticia nos golpeó muy fuerte. La tristeza estaba además teñida de ausencia al tratar de asumir un luto desde la distancia.
Como muchos de quienes se despidió, siento algo pendiente, un abrazo de vuelta que nunca podrá ser. Aún así, nos quedan las cariñosas imágenes de un amigo alegre, optimista, cantando canciones de Violeta y esparramando chuchadas por doquier en conversaciones y convivencias. Nos queda un compañero culto, con sed de justicia y comprometido con un Chile distinto. Como tantos espero ver a Alex algún día, de alguna forma de vuelta en Chile, ya no cantando, pero si descansando y sino es así, como solía decir a fin de cuentas en su tono irreverente: “que hue’a cha-cha-cha”.





